Enfoque Conceptual

Para poder llevar a cabo y potenciar esta propuesta pedagógica, consideramos importante hacer explícitos ciertos supuestos: explicar a qué nos referimos cuando hablamos de Juventud y de Prevención de Adicciones es clave para saber cómo abordar y qué uso hacer de estos materiales.

¿Qué entendemos por juventud? ¿Desde qué concepción trabajamos con las y los jóvenes?

En términos conceptuales, la juventud no puede definirse de manera única y lineal, sino que debe ser abordada en su complejidad y entendida, en primer lugar, como una categoría analítica construida histórica y culturalmente. En segundo lugar, esta conceptualización vincula la noción no sólo con la edad biológica sino también con las condiciones materiales y culturales de existencia. Por lo cual, la juventud es un término relacional, que debe ser leído y entendido en el marco de un momento histórico particular y concreto en el que se quiere estudiar. En este sentido, debemos tener en cuenta que no hablamos de juventud, sino de juventudes diversas.

Reconocemos a la juventud como una fase plena de la vida, con sus particularidades y complejidades, y no sólo como una etapa de transición entre la niñez y la adultez. Por lo cual, esta propuesta interpela a las y los jóvenes como sujetos integrales de derecho, con autonomía y capacidad de decisión frente a las diversas situaciones de la vida cotidiana dentro de la sociedad de la cual forman parte.

Apelamos a la creatividad que los y las jóvenes ponen en juego a la hora de producir, crear y proponer nuevos discursos y prácticas. A partir de lo que traen consigo, proponemos explorar nuevos mundos; y a medida que potenciamos los recursos que poseen, vamos abriendo caminos para la adquisición de otros.  

¿Qué entendemos por prevención de adicciones? ¿Cómo prevenimos las adicciones?

La promoción de la salud, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es el proceso que permite a las personas incrementar el control sobre su salud para mejorarla. En este marco se inserta la prevención de las adicciones, como un conjunto de acciones que se anticipan a la emergencia de consumos problemáticos.

Entendemos a la prevención como una problemática social compleja, desde una mirada amplia y hacemos foco en fortalecer las habilidades positivas de las personas y/o su comunidad para el mejoramiento de la salud integral. Consideramos que el ser humano es un ser bio-psico-social (en interjuego entre cuerpo, mente y entorno) y que esos tres aspectos deben ser saludables para mantener un buen estado de salud integral.

La prevención de las adicciones puede trabajarse desde dos perspectivas complementarias, ya sea de manera específica o inespecífica:

–   Prevención específica: son acciones que se realizan trabajando directamente la temática de las adicciones (sustancias, efectos, consecuencias, etc.)

–   Prevención inespecífica: intervención destinada a desarrollar actitudes positivas y a mejorar la calidad de vida de las personas, realizándose diferentes actividades en dicho sentido sin aludir específicamente a las sustancias.

Desde esta segunda perspectiva nos paramos para pensar, elaborar y trabajar esta herramienta de trabajo que tiene como objetivos:

  • Promover el desarrollo de jóvenes activos y críticos.
  • Incentivar la participación y el protagonismo juvenil.
  • Fomentar la posibilidad de decisión frente a diversas situaciones de la vida cotidiana -entre ellas, la posibilidad de consumir sustancias.
  • Valorar la autodeterminación de las personas (entendida como el derecho y la responsabilidad a la libre decisión) para ejercer el control sobre las decisiones de su propia vida.
  • Promover un estilo de vida saludable.
  • Disminuir los factores de riesgo (baja autoestima, presión de grupo, entre otros).
  • Fortalecer los factores de protección (contención familiar, escolaridad, autonomía).

 ¿Desde dónde pensamos la problemática de las adicciones?

Pensamos la problemática de las adicciones desde tres elementos básicos que se interrelacionan: sustancia-sujeto-contexto.

La sustancia tiene que ver con la disponibilidad, la posibilidad de acceso. Por ejemplo, son más accesibles las sustancias legales -alcohol, tabaco, psicofármacos, entre otras- ya que al estar regulada su venta encontramos una mayor oferta en el mercado.

El sujeto –en tanto segundo elemento- nos ayuda a pensar la problemática de las adicciones en correspondencia con la vulnerabilidad individual. Es decir, la predisposición de la persona a adquirir conductas adictivas.

Finalmente, el contexto refiere a la tolerancia social, a una sociedad que ha naturalizado determinados consumos de sustancias. Esto también se relaciona -al igual que la oferta de sustancias– con la ilegalidad y la legalidad. Por ejemplo, las sustancias legales son más aceptadas socialmente que las ilegales.

A partir de la interrelación de estos tres elementos, hacemos una distinción entre:

– el uso, como la utilización de sustancias de forma ocasional, experimental, recreativa, sin dependencia.

– el abuso, como un consumo con cierta regularidad y en dosis excesivas.

– las adicciones, como la instancia en que no se puede prescindir de una sustancia y el uso se realiza de forma sostenida en el tiempo y de manera compulsiva, es decir, se genera una dependencia.

A partir de esta tríada conceptual, nos focalizamos en el contexto y el sujeto, entendiendo a la sustancia como un objeto secundario.

En una problemática social, como son las adicciones, no hablamos de causas. Una causa supone, siempre, un efecto determinado y una relación lineal y unidireccional entre ellos. Por lo tanto, preferimos hablar de factores que condicionan una conducta, teniendo en cuenta que una adicción se genera por una multiplicidad de factores y no por una causa o un factor determinado. Hablamos, entonces, de factores de riesgo y de factores de protección.

Según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), un factor de riesgo es cualquier rasgo, característica o exposición de un individuo que aumente su probabilidad de sufrir una enfermedad o lesión”. Entonces, cuando hablamos de un factor de riesgo asociado a las adicciones nos referimos a aspectos de carácter biológico, psicológico, social, económico y cultural que favorecen y/o predisponen a que una persona desarrolle conductas adictivas.

En cambio, llamamos factores de protección a aquellos aspectos que favorecen el desarrollo y la calidad de vida de las personas, y atenúan los riesgos asociados a conductas adictivas.

En relación a lo expuesto, nos parece importante trabajar sobre tres ejes específicos que atraviesan la vida cotidiana de los adolescentes: el consumismo, la comunicación y la mirada del otro. Si profundizamos estos tópicos podemos hablar de sociedad de consumo, las nuevas modalidades de comunicación y sus mediaciones, y las representaciones y perspectivas que se ponen en juego en la relación joven-adulto.

Fomentar entre y con los jóvenes espacios de diálogo y reflexión sobre sus vivencias, expectativas y puntos de vista en torno a distintas temáticas que responden al núcleo de la prevención de adicciones, es propiciar el desarrollo de actitudes y aptitudes de auto-valimiento y potenciar los aspectos positivos que llamamos factores de protección.

Consideramos necesario desarmar prejuicios y preconceptos para poder desacralizar la problemática de las adicciones, corriendo el foco de las sustancias prohibidas para ponerlo en los y las jóvenes, sus proyectos y su bienestar. Pero para ésto es imprescindible dar lugar a sus voces, considerar válidas sus búsquedas y preocupaciones, y habilitar a la posibilidad de que construyan modos particulares de ser y de hacer. Es fundamental poner en práctica una escucha activa, que permita identificar las necesidades y las demandas juveniles, para sobre esa base acompañarlos en el desarrollo de un proyecto de desarrollo personal y colectivo.

Esta propuesta pedagógica, entonces, apunta a trabajar en pos de la prevención de adicciones desde un enfoque conceptual que prioriza la construcción de espacios de diálogo y reflexión sobre aquellos temas que condicionan y atraviesan nuestras conductas sociales e individuales, considerando que estas últimas pueden ser -según nuestras herramientas, recursos y actitudes- positivas o negativas para nuestra calidad de vida.

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