No soy yo, sos vos

Capítulo 3: La mirada del otro 

Planteo del capítulo

Juanse se enfrenta al reclamo de su madre, quien le exige que tire el delantal que usa para pintar y dibujar porque, según ella, ya no sirve más. Los puntos de vista encontrados llevarán a Juanse a pensar en los adultos que lo rodean, para dar cuenta de cómo son vistos los y las jóvenes desde ese lugar. Muni, por su parte, quiere construir su propio mundo, pero se enfrenta con adultos que buscan limitarlo, encasillarlo, encerrarlo. Intentará con diversas estrategias para posicionarse, pero las alternativas serán cada vez menos.

El tema de este capítulo es la mirada del otro, específicamente la mirada que los adultos tienen sobre el mundo juvenil. Por lo tanto, se hace foco en la relación entre jóvenes y adultos y las representaciones que se ponen en juego de parte de unos y otros.

Principales ejes

  • La mirada y la construcción del mundo joven por parte de los adultos.
  • La invisibilización y estigmatización de las y los jóvenes.
  • La existencia de diferentes puntos de vista entre jóvenes y adultos.
  • El conflicto y los espacios de diálogo joven-adulto.

 ¿Cómo se relaciona este capítulo con la prevención de adicciones y la promoción de la salud?

Jóvenes y adultos construimos diferentes representaciones sobre la realidad basados en trayectorias, experiencias, información y expectativas diversas. Esta afirmación que puede resultar obvia supone, sin embargo, que no hay verdades únicas ni absolutas sino interpretaciones y miradas divergentes pero no necesariamente irreconciliables. En tanto los adultos no sean conscientes de esto e intenten imponer su propia mirada suponiéndola verdadera se generará un tipo de vinculación joven-adulto que será hostil y no habilitará espacios de acercamiento.

Para intervenir en la problemática de las adicciones desde un enfoque preventivo, por lo tanto, no debe buscarse develar a los jóvenes verdades absolutas, sino darles la palabra para conocer las representaciones que tienen acerca del momento en el que viven y las experiencias que los atraviesan así como sus gustos, intereses y motivaciones. De esta manera, se podrán generar espacios y vínculos sinceros que posibiliten abordar las problemáticas que los afectan y preocupan.

La estigmatización de los jóvenes y la invisibilización de sus prácticas clausuran las posibilidades de acercamiento, por lo que la promoción de la salud implica necesariamente desarmar prejuicios sobre quienes consumen en particular y sobre las y los jóvenes en general.

Para abordar la problemática de las adicciones es fundamental hacer lugar a sus voces, ponerlas en el centro de la discusión, que participen y sean protagonistas; escucharlos y escuchar qué tienen para decir sobre el tema, qué les preocupa, qué les hace bien, qué les hace mal.  Se tratará entonces de construir una perspectiva posible que revalorice e incluya sus miradas,  sus experiencias, sus ideas y la información con la que cuentan involucrándolos activamente en la búsqueda de soluciones.

. A modo de cierre

Los jóvenes atraviesan una particular situación de vulnerabilidad debido a que están en un proceso de construcción de identidad, autonomía y ciudadanía. En este proceso personal las y los jóvenes necesitan de adultos referentes que los acompañen y los guíen, pero dejándoles el espacio suficiente para que sean protagonistas de su propio desarrollo.

De nada sirve querer imponer discursos construidos desde la perspectiva adulta sin participación de los jóvenes. Las alternativas, las soluciones, las formas de prevenir aquellas conductas que pueden perjudicarlos deben ser construidas junto a ellos, respetando sus formas de hacerlo, sus tiempos y sus perspectivas.

Sin embargo, escuchar y posibilitar el diálogo no implica que el adulto sea un “par” del joven sino que se constituya en un referente que ponga en juego diferentes opciones, afirmaciones y preguntas,  tendiendo a la democratización de esa relación.

Los adultos deben habilitar el espacio para que las y los jóvenes se pregunten, experimenten, investiguen, debatan y pongan en cuestionamiento lo establecido, para que poco a poco puedan construir su identidad.

A modo de cierre

Los jóvenes atraviesan una particular situación de vulnerabilidad debido a que están en un proceso de construcción de identidad, autonomía y ciudadanía. En este proceso personal las y los jóvenes necesitan de adultos referentes que los acompañen y los guíen, pero dejándoles el espacio suficiente para que sean protagonistas de su propio desarrollo.

De nada sirve querer imponer discursos construidos desde la perspectiva adulta sin participación de los jóvenes. Las alternativas, las soluciones, las formas de prevenir aquellas conductas que pueden perjudicarlos deben ser construidas junto a ellos, respetando sus formas de hacerlo, sus tiempos y sus perspectivas.

Sin embargo, escuchar y posibilitar el diálogo no implica que el adulto sea un “par” del joven sino que se constituya en un referente que ponga en juego diferentes opciones, afirmaciones y preguntas,  tendiendo a la democratización de esa relación.

Los adultos deben habilitar el espacio para que las y los jóvenes se pregunten, experimenten, investiguen, debatan y pongan en cuestionamiento lo establecido, para que poco a poco puedan construir su identidad.

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