Con sumo cuidado

Capítulo 1: El Consumismo

Planteo del capítulo

Juanse advierte que vive atravesado por la problemática del consumo. Todo comienza cuando se da cuenta de que su viejo teléfono móvil no le permite estar en contacto con la chica que le gusta. Así empieza a notar que los mensajes y estímulos publicitarios lo interpelan constantemente, tanto a él como a su entorno más cercano. Este escenario lo invita a reflexionar sobre el significado del consumo, los posibles motivos por los cuales se consume y el impacto que esto tiene en las relaciones humanas.

Muni, por su parte, busca un grupo de amigos. Explora realidades diferentes en donde se ponen en juego la estética personal y la problemática del consumo. Va a sentir la exclusión y, también, va a descubrir algo nuevo.

El tema de este capítulo es el consumismo, entendido como un fenómeno estructural y determinante de la sociedad y las relaciones humanas. El objetivo de estas escenas es facilitar -desde una perspectiva crítica- la objetivación y el análisis de fenómenos que están fuertemente naturalizados.

Principales ejes

  • Las posibilidades y obstáculos que brinda el consumo.
  • Lo necesario, lo deseable y los modos de satisfacción.
  • La autonomía y la toma de decisiones.
  • El sentido de pertenencia y la construcción de identidad a través del consumo.
  • El consumo problemático.

¿Cómo se relaciona este capítulo con la prevención de adicciones y la promoción de la salud?

El consumismo es una característica estructural de las sociedades modernas; atraviesa las relaciones sociales, la propia subjetividad y las formas de ver y ser en el mundo. Se consume, en primera instancia, para acceder a ciertos bienes y servicios con el objetivo de satisfacer necesidades básicas. Pero también, en otro nivel de complejidad, se consume aquello que es deseado aunque no necesariamente cumpla una función básica. De este segundo tipo de consumo material se desprende, a su vez, un consumo simbólico: se consume para ser, para pertenecer, para satisfacer deseos que tienen que ver con la construcción de la subjetividad humana. El consumismo, entonces, se vuelve un rasgo identitario: somos lo que consumimos y en base a eso nos relacionamos.

El sistema social, político, económico y cultural y los mensajes publicitarios y estímulos constantes presentes en los medios masivos de comunicación construyen una cultura de consumo que es un escenario -al menos- propicio para que se desarrollen conductas de consumo que resultan, muchas veces, problemáticas.

Los jóvenes están particularmente expuestos a esta influencia, debido a los procesos de construcción de identidad que están atravesando y a la ausencia de espacios de contención y proyectos que puedan acompañarlos en su desarrollo. Frente a este vacío sólo queda el mercado con su inagotable oferta de bienes y servicios, cuyo consumo es medida de satisfacción, éxito y pertenencia. Teléfonos celulares, dispositivos electrónicos, alimentos, bebidas con y sin alcohol,  ropa, accesorios, se ofrecen como posibilidades de tener amigos, de generar encuentros, de pertenecer a un determinado grupo, de ser popular o ser más seductor/a.

Sin embargo, la satisfacción que esos consumos producen es efímera y no alcanzan para satisfacer necesidades profundas: ni entendimiento, reconocimiento o contención se consiguen consumiendo esos bienes o sustancias. Finalmente, quién uno es termina reduciéndose a qué cosa uno consume.

Teniendo en cuenta esta realidad, es importante, por un lado, problematizar y cuestionar qué consumimos, cómo, por qué, para qué y con quiénes, para así poder evaluar cuáles son sus consecuencias; y por otro lado, distinguir entre lo que consumimos y las necesidades que queremos satisfacer, intentando reconocer cuáles son las mejores formas de conseguir lo que realmente necesitamos.

Es por eso que, en este apartado, se propone una perspectiva crítica del consumismo, para pensar otras alternativas en caso de identificar consumos problemáticos y, así, promover un estilo de vida más saludable.

A modo de cierre

El consumismo es un rasgo característico de las sociedades modernas. Es un modo determinado de ver y estar en el mundo, que impacta en la subjetividad individual y en las relaciones interpersonales.

Para prevenir las adicciones desde un enfoque de promoción de la salud es necesario problematizar el consumo. Proponemos abordarlo de forma crítica y pensarlo en términos de necesidades y satisfactores: qué es lo que necesitamos realmente, y cuáles son las mejores maneras de satisfacer esas necesidades. Evaluar qué consumimos, cómo, por qué, para qué, y con quiénes.

Lo más importante es poner el foco en el sujeto que consume y no en el objeto consumido. Si bien estamos insertos en una sociedad que nos estimula constantemente a consumir, el poder de decisión final frente al consumo está en cada ser humano. Hay que estar conscientes de eso y tenerlo presente para poder elegir las opciones saludables y no las que obstaculicen nuestro desarrollo personal.

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